El es un paisaje.
Puedo recorrer todos los valles, y todas las sombras.
Todo el olor que sale de su fertilidad, de la tierra húmeda; el terreno que dio vida.
Recorro eso con mis manos en forma de raíces, empujando la piel, la corteza de los montes y los ríos de su cuerpo.
Y siento con los ojos cerrados el calor.
Cuando abro los ojos la luz, muy tenue (que aparece en las noches de verano como un crepúsculo largo) me muestra las siluetas contrastantes. Me muestra las sombras que definen curvas, y me muestra que del otro lado de las ventanas, los árboles, el murmullo y las hojas se están dejando descubrir por la misma luz, muy tenue.
Y se mezclan mis raíces, mis dedos prístinos con las curvas del paisaje. Descansa frente mío y a mi lado, respira como un tambor sus latidos. Los respira porque eso hace mover la tierra y todas las aguas.
Si cierro los ojos y entrego mi peso, marco el mismo ritmo, los tambores hacen un ruido que crece. Colma las dimensiones. El latido entero, de todas las cosas que van y vienen con la energía, y comparten.
A la noche compartí eso, y al otro día, cuando salió el sol, la marea de mi cuerpo se vistió de bordó, y cumplió con el mensaje de la luna.
Y comparto entonces también.
pd: próximamente una imágen.