Primero me reflejo mecánicamente,
frente al espejo entero.
Segundo me registro, tercero:
(¿me pertenezco?)…y desaparezco.
Primero me identifico,
segundo me reconozco tercero:
(¿me pertenezco?) y desaparezco.
Y una vez pasé desapercibida.
Intuitivamente me miro,
me inhalo y me exhalo.
Mecánicamente me apropio de mi reflejo
y me lo llevo.
No pude dejar mi reflejo abierto.
ME MIRO.
Y eso hace que aparezca. O qué.
Pasé rápido con un propósito.
Pero vi mi reflejo, ajeno.
Cuando ya se iba a quedar ahí,
quieto, lo miro. Y desaparezco.
Primero camino.
Segundo me veo tercero
(¿me pertenezco?) y desaparezco.
Reflejos enteros, sogas visuales.
Espejos humanos.
Y al agua serena, dura,
de metal fino, de azul infinito
vuelvo como siempre lo hacemos. Bla bla bla.
Las olas constantes
que llegan a la arena. Devuélvanme.
Vuélvanme al ritmo de los cielos.
Que caigan muros y edificios en sus aguas eternas,
que suba el sol desde muy adentro
y que nazca la luna
desde su inmensa luz.
Que pasen las horas y las olas.
Que laven el piso para nuestros pies inconcientes.
Las mujeres descalzas crujen.
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